¿Copyfight o Copylight?
¿Liberar o liderar la cultura?

Por Platoniq. Zehar#57


Copyfight, un evento organizado por Oscar Abril Ascaso y el colectivo Elástico, dedicado a generar
espacios de información y debate sobre la crisis actual de la propiedad intelectual y las alternativas
al copyright restrictivo.
Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona.
Del 15 al 17 de julio 2005.


Copyfight marca una ruptura en la serie de jornadas en torno al Copyleft, que en estos últimos años
han estado organizadas horizontalmente desde la propia comunidad en Madrid, Barcelona, Málaga
y, recientemente, en San Sebastián. La apuesta de los organizadores por llegar a un público más
genérico y obtener el máximo eco mediático se confirmaba en la selección de los participantes, las
figuras más emblemáticas, anunciadas como los gurús de la cultura libre.
Lawrence Lessig, abogado y fundador de la organización Creative Commons, John Perry Barlow,
impulsor de Electronic Frontier Foundation, Cory Doctorow, novelista y editor del weblog
Boingboing.net, y Jimmy Wales, fundador de Wikipedia, generaron mucha expectativa y no
defraudaron a un público ya de por sí conquistado. Echamos de menos en este cartel de estrellas a
Richard Stallman, uno de los estandartes del movimiento del Software Libre y en buena medida el
padre del Copyleft. En un momento en el que el distanciamiento entre la Free Software Foundation
y Creative Commons es un síntoma de seguir posturas éticas diferentes, Stallman hubiera marcado
el contrapunto necesario en este evento, a menudo demasiado devoto de Creative Commons
representado por Lawrence Lessig.

Lessig, haciendo gala de su elasticidad habitual que le permite
saltar de la posición más moderada a la más contundente, atacó en su conferencia la sentencia del
Tribunal Supremo respecto al caso de la red de intercambio de datos Grokster. “Si el Supremo
argumenta que el fabricante es el responsable de los actos que se realicen mediante su herramienta,
¿cómo es que no se juzga a los fabricantes de armas y, por el contrario, se criminaliza
desproporcionadamente a una comunidad de personas que lo único que hacen es compartir
canciones?”, cuestionaba. Paradójicamente unas horas antes, en una entrevista privada, Lessig
respondía a la crítica de que Creative Commons y el uso extendido de sus licencias copyleft no
estaban generando una comunidad, sino un conjunto de usuarios desconectados. El abogado
indicaba que Creative Commons está trabajando en una nueva tecnología que se aplicará en sus
populares licencias digitales. Mediante esta tecnología , según Lessig, se desarrollará mejor el
sentimiento de comunidad, ya que los autores podrán rastrear el uso que hagan otros de sus
contenidos y este sistema propiciará el contacto y la comunicación entre sí, aunque a nosotros nos
sonará, en ese momento, más que a una herramienta comunitaria, a una posible herramienta de
control.


Curiosamente, uno de los temas más aludidos en Copyfight fue el alarmante avance de los DRM,
sistemas digitales de control y protección de los derechos de autor. Buena parte de la conferencia de
Cory Doctorow estuvo dedicada a la tecnología Broadcast Flag. Este último invento del sector
industrial cinematográfico norteamericano, se encargará de blindar los grabadores de video y DVD
contra la grabación de contenidos no autorizados. Doctorow advirtió que si esta iniciativa se
aprueba en la UE, "cada televisión europea y cualquiera que desarrolle un sistema para la televisión
digital, deberá pasar por la aprobación de Hollywood y eso, en la práctica, significa matar el código
abierto para las nuevas herramientas”.
Otra de las apuestas de Copyfight fue introducir en el mismo espacio de conferencias y talleres una
consultoría de abogados especializados en la propiedad intelectual. Los habituales defensores de la
cultura libre, David Bravo, Carlos Sánchez Almeida, Javier Maestre o Abel Garriga, entre otros,
fueron turnándose para responder a cada persona que acudía con su saco de dudas y problemas.
Formalmente la idea funcionó muy bien, aunque es probable que si estas sesiones hubiesen sido
colectivas, muchas de las preguntas hubieran estado mejor amortizadas y se hubiera conseguido
generar un ambiente común donde compartir las experiencias y las estrategias.


Aunque el avance de la cultura libre parece imparable, Copyfight deja una agridulce sabor de boca.
Si bien la selección de los invitados fue prácticamente inmejorable, el fruto que dejó no va mas allá
de los artículos escritos al respecto. Al final en Copyfight faltó acción y sal, con la típica duda
después de haber visto una de superhéroes: ¿pero realmente para quién trabajan estos tipos?
En demasiadas ocasiones el argumento principal fue que la cultura libre puede ser perfectamente
rentable y que el copyleft ya no da miedo si está bien empaquetado. El hecho de que Doctorow
después de que su libro Down and Out in the Magic Kingdom, publicado en la red con una licencia
libre, llegue a las 500.000 de descargas y consiga ir por la 5ª edición en papel, o que bajo la figura
enigmática de Lessig nos encontremos en medio de la expansión de "franquicias" de Creative
Commons de Japón a España, o que el diario de distribución gratuita 20 minutos utilice una licencia
libre para sus escuetas noticias, puede ser interpretado como una positiva consolidación del
Copyleft, aunque también como un síntoma de la mercantilización del discurso y de los objetivos
originales, coqueteando entre copyfight y copylight.

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