Hurto
y producción. Piraterías en la cultura contemporánea. (edit)
Martí
Peran.
La obstinación por la protección de la “propiedad intelectual”
es pues, sin duda, una batalla de orden exclusivamente económico En esta
perspectiva cabe recordar que hay fundadas sospechas de que, especialmente en
los mercados de los países en desarrollo son las propias grandes marcas
quienes potencian el pirateo de sus logos con la convicción que esa es
la mejor y más barata publicidad para un subsiguiente consumo “canónico”
de sus productos. La segunda cuestión que queda obviada en este frente
pro-copyright es la posibilidad de flexibilizar los mecanismos de defensa de
la “propiedad intelectual”. Naturalmente, este tema debe abordarse
en intersección con la irrupción de las nuevas tecnologías
y de Internet que, de forma imparable, obligan a repensar las formas de producción
y de distribución cultural. Un buen y conocido ejemplo de ello es el
trabajo de Lawrence Lessig y, tras su estela, de iniciativas como Creative Commons.
En efecto, en Free culture.How big media uses technology and the law to lock
down culture and control creativity , Lessig propone distinguir sin más
hipocresías el fenómeno de la descarga de ficheros de la mera
comercialización pirata del llamado top manta. y aboga por hacer estallar
la categoría del copyright en múltiples nuevas opciones alternativas.
El accseso a productos culturales mediante la red, así como a su posible almacenamiento y reproducción, al fin y al cabo, no sólo es inevitable e imparable, sino que representa un avance en la tan deseada democratización de la cultura; bajo estas premisas, Creative Commons ofrece la posibilidad de desarrollar un copyright flexible mediante licencias versátiles y en nada semejantes a la rigidez que subyace en el articulado constitucional. El menú de opciones que ofrece Creative Commos es muy amplio ( licencias de “atribución”, “no-comerciales”, “sin trabajos derivados”,...) de modo que ofrece a los productores la posibilidad de permitir distintos usos de sus creaciones; entre sus últimas ofertas destaca la licencia “Cretive Commons Developing Nations License” que permite al autor conservar los derechos convencionales de la propiedad intelectual en los países ricos, pero admite la libre reproducción y uso para los países en vías de desarrollo.
A pesar de todas estas consideraciones, y para avanzar más ligeros
hacía el terreno que en verdad queremos visitar, esta posible flexibilización
del copyright pudiera considerarse todavía demasiado mansa; al menos
eso parece indicar el hecho de que distintos productores o colectivos procedentes
el mundo de la cultura opten por gestos más radicales y promulguen directamente
el software libre y la alternativa copyleft. De los múltiples ejemplos
posibles, mencionar al menos un par de ellos suficientemente emblemáticos.
PLATONIQ es un colectivo dedicado a explorar las intersecciones entre cultura,
tecnología y esfera pública; bajo esta perspectiva han desarrollado
numerosos proyectos susceptibles de interpretarse en el marco de las propuestas
artísticas, pero uno de ellos convierte explícitamente su trabajo
en un acto de posicionamiento en el debate que nos ocupa; nos referimos a “Licencia
aire incondicional” – producida para la exposición Aire
Incondicional presentada en Febrero de 2004 el Centro de Arte Shedhalle
de Zürich- que consiste en una licencia regulada para utilizar libremente
determinados contenidos de la mencionada exposición.
En un sentido incluso más amplio, Daniel García Andujar ideó en 1996 – cuando la confianza en las posibilidades democráticas que ofrecía la red era todavía mayúscula- “Technologies to the People” , una corporación para publicitar y formar en servicios y productos de Internet, de forma libre, a quién lo desee. Como puede comprobarse, lo que queremos acentuar con estos ejemplos no es todavía la cuestión de cómo la producción cultural reconsidera sus mecanismos de creación y distribución mediante la irrupción de Internet, sino como existen “proyectos artísticos” que, en sí mismos, se conciben como herramientas para promocionar el copyleft , ya sea para un uso libre de producciones culturales o de cualquier otra información. Este es, en definitiva, el punto crucial aquí, concebir la acción cultural no como un engranaje que después deberá defender su singularidad tras un copyright opaco sino reconceptualizar el rol del propio producto cultural, concebido ahora como una plataforma para facilitar el acceso y uso de cualquier tipo de información.
Pueden consultarse los trabajos de PLATONIQ en www.platoniq.net