Manteros
legales
Texto: Anamaría. Revista Trax
Tienen herramientas mucho más sofisticadas y el respeto institucional,
que les apoya directa o indirectamente mediante becas y ayudas al desarrollo
de sus proyectos, aunque harían lo mismo sin su consentimiento. Evidentemente,
son más difíciles de encontrar que los Top Manta, pero existen
y tienen mucho que decir.
Habrá quien no haya oído hablar de ellos, aunque su ambición
es darse a conocer y fomentar el uso de los nuevos métodos de distribución
de contenidos que se están desarrollando en la Red. Tanto es así
que los han convertido en estructuras físicas y portátiles que
arrastran allí donde pueden, en forma de giras, exposiciones o, simplemente,
ocupando el espacio público. Todo ello para ofrecer servicios y material
que se puede encontrar en la Red a través de las redes P2P, las radios
por Internet o ciertas páginas web. Pero al centralizarlo y transformarlo
en algo físico y manejable como una Jukebox con grabador incluido lo
hacen más accesible para el público general.
El método Platónico
El caso más cercano lleva el nombre de Burnstation y lo gestiona desde
Barcelona el colectivo de activistas Platoniq. Su proyecto nace en el 2003 “como
contra-respuesta al Festival Sónar. Alquilamos un garaje al lado del
monstruo y montamos una primera versión de la Burnstation. Casi no teníamos
software para gestionar las copias en ese momento. Hubo de todo: distribuidores
que se escondían los pases del festival, abuelas que querían ópera
y, sobre todo, listas de espera”.
Desde el principio su idea era “bajar Internet a la calle” o en
léxico institucional que a veces utilizan “visibilizar la producción
y distribución libre de música de net labels y programas de net-radios;
self service de distribución en espacios públicos; difundir información
sobre licencias libres de audio, formatos y redes colaborativas”. Para
que lo entendamos mejor: “se trata de una base de datos local para MP3s
y texto que automatiza el proceso de selección y grabación de
archivos. Se instala en un espacio de libre acceso un punto de consulta y descarga
de archivos de audio provenientes de diferentes net labels y net-radios. Los
usuarios/editores tienen la posibilidad de hacer una selección de archivos
y grabarlos en CDR y llevárselos”.
En la actualidad el proyecto alberga unos 20 gigas de audio. “Eso representa
un poco mas de veinte sellos y net radios con las cuales trabajamos estrechamente.
Lo bueno de colaborar directamente con los sellos y productores es que nos mandan
material adicional que no ponen a disposición on line por falta de espacio.
Intentamos conseguir también entrevistas y directos. Lo que no hace el
software de Burnstation es grabar Picture Discs… Una pena”.
El método alemán
Al otro lado de Europa, el colectivo alemán Visomat ha articulado un
proyecto de similares características que ha bautizado con el nombre
de Mobile-audio-video-jukebox. Ellos lo definen como “un vehículo
para sonidos e imágenes” cuyo objetivo principal es “visitar
diferentes lugares y compilar y reproducir los documentos audiovisuales de su
creciente archivo”. Concebido como una Jukebox de aspecto robótico,
las piezas que seleccionamos se reproducen al completo, sin posibilidad de pararlas
a la mitad. Pero al igual que la Burnstation de Platoniq, el artefacto permite
el volcado de material propio en la máquina así como la creación
de un DVD para consumo personal. Por ahora, ofrecen 23 videos y 28 temas de
audio, además de información sobre los artistas, los tracks, etc…
El proyecto nació como la feliz conclusión de una singular acción/aventura
que ocupó el Mitte berlinés durante varios años: el Automaten
e.v., un bar totalmente automatizado sólo para socios y con una manera
de funcionar tan surrealista como encantadora. Uno de sus servicios estrella
era precisamente la Jukebox, que ha sobrevivido a la clausura del local en una
versión mejorada y que fue estrenada en el año 2003 en el Artrónica
de Bogotá (Colombia).
El copiado como acto social
No deja de ser curiosa la existencia de proyectos tan singulares y similares
a la par, que desde diferentes puntos cardinales han llegado a la misma conclusión:
la necesidad de convertir el acto del copiado en algo físico y, lo más
importante, social. Al fin y al cabo, copiar es compartir y compartir es un
acto social. Mi estimado Olivier Schulbaum (33% de Platoniq) me lo quita de
la boca: “La propia acción de intercambiar los archivos ‘en
plena calle’ ya es expresiva por sí misma, sin la necesidad de
manifestar unos principios implícitos. Se trata sobre todo de dar importancia
al elemento humano, sustituir el habitual software P2P (Peer-to-peer) por un
sistema ‘face-to-face’. Es un poco trabajar como hacían los
grupos de punk, colocando e intercambiando sus maquetas en tiendas de discos,
pero aprovechando las posibilidades de lo digital. También me recuerda
las estrategias callejeras de los sellos indies de dub inglés que iban
con la camioneta a distribuir sus discos. Además, trabajar en la calle
es el test más duro y eficaz para el desarrollo de software”.
Y todo ello, sin hacer daño a nadie. En pleno debate del Plan del Gobierno
de disminución de la piratería y la protección de la Propiedad
Intelectual, no deja de ser interesante destacar propuestas como éstas,
que con cuatro duros y mucha voluntad reivindican una forma de distribución
y socialización alternativas que pueden y deben coexistir con las maneras
de trabajar establecidas. Como decían en Hacienda, la industria somos
todos.
Pueden consultarse los trabajos de PLATONIQ en www.platoniq.net